
Datos recientes mostraron que hay al menos un sector de la economía en el que simultáneamente aumentaron el empleo y las exportaciones. Se trata de los Servicios Basados en el Conocimiento (SBC), que según datos de Argencon, la cámara que agrupa a las empresas del sector, exportaron en los doce meses que van de abril de 2025 a marzo de este año por valor de USD 10.085 millones, consolidándose como el tercer rubro exportador de la Argentina, detrás del oleaginoso-cerealero y del petrolero-petroquímico.
Las exportaciones de los SBC se habían casi cuadruplicado entre 2006 y 2025, período en el que pasaron de USD 2.441 a USD 9.460 millones anuales, con las ventas de software multiplicándose casi por ocho (de USD 338 millones a USD 2.651 millones) y las de servicios de Investigación y Desarrollo (I&D) casi por siete (de USD 123 millones a USD 838 millones).
Un dato particularmente esperanzador es el dinamismo en el empleo del sector, que según datos oficiales ocupa hoy a 285.000 personas, 9.000 más que en 2025 y 17.000 más que en 2023, antes de que asumiera el actual gobierno.
El sector cupa hoy a 285.000 personas, 9.000 más que en 2025 y 17.000 más que en 2023
El de Servicios Basados en el Conocimiento es un sector pequeño, de mano de obra altamente calificada, pero es una señal de que la economía tiene la potencialidad de crear empleos de servicios, algo de suma importancia pues la ocupación en sectores productores de bienes está cada vez más comprometida, tanto por tratarse de una tendencia mundial, debido al avance de la tecnología y la aplicación de procesos de automatización a todo nivel, como de una característica del “cambio de régimen” por el que atraviesa la economía local.
Sectores que tradicionalmente explicaron el grueso del empleo, como el comercio, la construcción y la industria manufacturera, han perdido incidencia tanto en el PBI como en el empleo.
Heterogeneidad y desafíos
Los servicios son el principal empleador de la economía argentina, concentran el 74%, once puntos más que el 63% que aportan al PBI, pero de modo muy heterogéneo. “Algunas ramas ocupan a millones de personas con baja productividad y altos niveles de informalidad, mientras que otras requieren trabajadores calificados, pagan salarios por encima del promedio y compiten en los mercados internacionales”, dice un estudio de Fundar que precisa que, contando asalariados registrados, no registrados y no asalariados, los servicios son actividades “empleo intensivas”, aunque heterogéneos.
El rubro que más trabajadores emplea es Comercio con 4,1 millones de puestos (24,5% de todo el empleo en servicios y uno de cada cinco de toda la economía), seguido por Enseñanza, con 2,3 millones y Administración pública, con 1,7 millones (contando Nación, Provincias y Municipios).

“Por debajo, se encuentran una serie de ramas con tamaños parecidos, de entre 1,3 y 1,6 millones de puestos cada una: el servicio doméstico, los servicios empresariales, salud, transporte y comunicaciones, y los servicios comunitarios. Rezagados en cuanto al total de empleo generado quedan actividades como los servicios financieros, el alojamiento y la gastronomía que en conjunto suman 1,18 millones de puestos, el 7% de los servicios”, precisa el estudio de Fundar.
Hay allí un colectivo que va desde el dinamismo de los SBC hasta la muy baja productividad de otros rubros, algo acentuado en los países en desarrollo, donde muchas ramas absorben empleo de baja remuneración y altísima informalidad, como el caso del servicio doméstico en la Argentina, ciertos sectores del comercio y rubros como gastronomía. De hecho, el grado de formalización laboral va del 100% en la Administración pública y el 91% en Enseñanza hasta el 32% en el comercio y apenas 29% en el Servicio doméstico.
Empleo no asalariado no necesariamente implica mayor precariedad (Fundar)
Sin embargo, aclara el estudio de Fundar, empleo no asalariado no necesariamente implica mayor precariedad. Por caso, los “servicios empresariales” tienen un 34% de no asalariados, pero apenas un 8% en negro. Ahí aparecen profesiones de “autónomos”, como contadores y abogados, mientras en Comercio el 46% cuentapropismo coincide con alta informalidad asalariada y empleo de subsistencia.
“Una misma proporción de no asalariados, entonces, puede reflejar profesionales independientes o trabajadores empujados a la informalidad, según la rama”, dice un pasaje del estudio de Fundar.
Desafíos en el nuevo régimen
La creación de empleo es uno de los puntos débiles de -al menos- la actual etapa del cambio de régimen económico en la Argentina, en la que conviven la pérdida de puestos de trabajo en sectores industriales expuestos a la competencia externa y también en sectores de servicios, como el comercio, muy dependientes de los niveles de empleo e ingresos del resto, y un ritmo de creación mucho más lento, una de cuyas consecuencias es el aumento del cuentapropismo y la informalidad, a la espera de que los sectores en expansión, como el agro, el sector energético, la minería y los SBC provean las oportunidades que van desapareciendo en otros rubros.

Esa metamorfosis laboral es compleja. De un lado, porque en algunos sectores, como los hidrocarburos y la minería, implica no solo un cambio de capacidades, sino también un traslado geográfico y porque además son actividades capital-intensivas, en las que la creación de empleo es relativamente baja en comparación con la inversión necesaria, que además ya chocó con límites de capacidad de absorción.
Según los datos que provee Economía, bajo el Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI), una de las principales apuestas oficiales para fomentar la inversión en sectores de alta capacidad de generación de divisas (histórico cuello de botella del crecimiento argentino), hay a la fecha 16 proyectos aprobados, con una inversión comprometida de USD 29.985 millones, que generarían 52.495 puestos de trabajo directos e indirectos.
Bajo el Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones hay a la fecha 16 proyectos aprobados, con una inversión comprometida de USD 29.985 millones, que generarían 52.495 puestos de trabajo directos e indirectos
Esto es casi USD 570.000 de capital por cada nuevo empleo, cifra que en los 25 proyectos “en evaluación” se eleva a casi USD 780.000 por nuevo empleo. Esas cifras incluso subestiman la relación, porque es esperable que los sectores en que se genere empleo indirecto también deberán aumentar su dotación de capital.
El otro sector que creció en los últimos años, el financiero, ocupa poca gente (307.000, según datos de 2025) y, de hecho, cada vez menos, tendencia que ya lleva varios años, por la creciente automatización y digitalización, que hace que una parte cada vez mayor del trabajo que antes hacía el personal bancario lo hagan ahora los propios usuarios.
El cambio de un profeta industrial
Dani Rodrik, un profesor de Harvard y durante décadas reputado profeta de las “políticas industriales”, confesó haberse vuelto un “escéptico de las manufacturas” y subrayó que la creación de empleo, en particular en el mundo en desarrollo, deberá inevitablemente provenir de los servicios, para lo cual sugirió “promover iniciativas que incentiven a las empresas de plataformas a emplear mano de obra y recursos locales, brindar asistencia a las microempresas con capacitación y certificación, y ofrecer herramientas tecnológicas y de inteligencia artificial personalizadas y adaptadas a las circunstancias de los países en desarrollo”.
En definitiva, un desafío que apela doblemente a la economía argentina actual, en la que a las oportunidades, ajustes y temores que despierta el cambio tecnológico y la creciente adopción de herramientas de inteligencia artificial se suma el cambio de régimen económico impulsado por un gobierno que el año próximo afrontará su primer examen de continuidad o rechazo.

