
El dolor y la consternación se hicieron presentes durante las honras fúnebres de los siete agentes de la Policía Nacional que fallecieron en el accidente de tránsito ocurrido en la comunidad de El Rodeo, departamento de Comayagua, donde el autobús en el que se transportaban colisionó con una grúa.
Los actos de despedida reunieron a familiares, amigos, vecinos, autoridades policiales y miembros de distintas instituciones, quienes rindieron homenaje a los uniformados que perdieron la vida mientras cumplían con su labor al servicio del país.

Las ceremonias incluyeron misas, cultos cristianos, guardias de honor y el acompañamiento de música de mariachi, mientras los féretros eran trasladados hacia los cementerios de sus lugares de origen, donde finalmente recibieron cristiana sepultura.
Durante toda la jornada, integrantes de la Policía Nacional permanecieron junto a las familias de sus compañeros caídos, brindando acompañamiento y participando en los actos protocolarios organizados para reconocer el sacrificio de los agentes.
Las salas de velación fueron decoradas con arreglos florales y símbolos patrios, en un ambiente de profundo respeto y tristeza. Entre abrazos, oraciones y lágrimas, familiares y amigos recordaron las historias de vida de los policías, destacando su vocación de servicio, compromiso con la institución y los sueños que quedaron inconclusos.

Muchos de los presentes compartieron anécdotas de los jóvenes agentes, quienes trabajaban con la esperanza de ofrecer mejores oportunidades a sus familias, construir una vivienda propia o brindar un mejor futuro a sus hijos.
Uno de los casos que más conmovió fue el del policía Nelson Emilio Sosa, de 34 años, quien había iniciado la construcción de su vivienda familiar. Sus seres queridos recordaron que apenas había logrado levantar las paredes de la casa que soñaba terminar para compartir con sus padres y hermanos.

También generó gran pesar la historia de Dulce María Suárez Izaguirre, quien cumplía 25 años el mismo día en que ocurrió el accidente. Familiares relataron que uno de sus mayores anhelos era acompañar a su hija de cuatro años en el inicio de su etapa escolar y verla crecer.
En el cementerio Jardines Divina Misericordia fueron sepultados los restos de Nelson Emilio Sosa, donde autoridades policiales entregaron la Bandera Nacional a sus padres y hermanos como símbolo del máximo reconocimiento del Estado hondureño y de la Policía Nacional por su servicio y entrega.

El protocolo incluyó una guardia de honor y el tradicional acto de entrega del pabellón nacional, un gesto reservado para quienes dedicaron su vida al servicio de la patria y fallecieron mientras formaban parte de la institución policial.
Junto a Sosa también recibieron sepultura Dulce María Suárez Izaguirre, Esmelin Yolibeth Herrera Martínez y Keylin Anabeli Benavides Rodríguez, quienes fueron ascendidas de manera póstuma al rango de Clase I de Policía.
Asimismo, fueron despedidos con honores Yorbic Adony Vallecillo, Nora Xiomara Mejía Zúniga y Delmi Maritza Espinoza Cornejo, originaria de Gualiqueme, en el valle de Jamastrán, cuyos restos fueron trasladados a sus respectivas comunidades para recibir el último adiós de familiares y amigos.

La Policía Nacional explicó que el ascenso póstumo al grado de Clase I constituye uno de los más altos reconocimientos honoríficos que otorga la institución a los agentes que fallecen en cumplimiento de su deber.
Este reconocimiento busca exaltar la valentía, el compromiso y la dedicación demostrada por los funcionarios policiales durante su carrera, además de preservar su legado como servidores públicos comprometidos con la seguridad de la población hondureña.
Durante las ceremonias también se recordó el lema institucional “Servir y Proteger”, resaltando que los siete agentes dedicaron su vida al cumplimiento de esa misión hasta el último momento.

Compañeros de promoción destacaron que los fallecidos eran policías disciplinados, solidarios y comprometidos con su trabajo, características que les permitieron ganarse el respeto y el cariño tanto dentro como fuera de la institución.
Mientras continúan las investigaciones para esclarecer las causas exactas del accidente ocurrido en El Rodeo, la tragedia ha generado una profunda muestra de solidaridad entre la ciudadanía, que ha acompañado a las familias en uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Las autoridades policiales reiteraron su respaldo a los familiares de los siete agentes y aseguraron que la institución mantendrá vivo el recuerdo de quienes entregaron su servicio al país, honrando su memoria y reconociendo el legado que dejaron dentro de la Policía Nacional de Honduras.



