Cada semana, la rutina urbana de Nueva York suma una escena poco habitual: el influencer Bryan Reisberg recorre sus calles y el subte acompañado por un perro de refugio transportado en una mochila especial. La atención que despierta este dúo va mucho más allá de la curiosidad pasajera. Según recogió Forbes, la exposición de estos perros fuera del refugio, a través de videos en redes sociales, multiplica sus posibilidades de ser adoptados en menos de 48 horas.
El método comenzó a viralizarse cuando el publicista y cineasta, decidió documentar cada salida y publicar el recorrido en sus cuentas, acompañado por un enlace que conduce directamente al proceso de adopción gestionado por la organización Best Friends Animal Society. La estrategia no tardó en mostrar resultados: 34 perros del Best Friends Pet Adoption Center de Nueva York y varios más de refugios asociados dejaron atrás la espera gracias a este sistema innovador.
Una idea que surgió con Maxine, su corgi y las mochilas para perros
La génesis de esta iniciativa se remonta a Maxine, la cachorra corgi galesa de Pembroke que Bryan Reisberg y su esposa, Alex Garyn, adoptaron en 2015. Su presencia en redes sociales inició como un entretenimiento cuando Bryan buscó una alternativa al transporte tradicional tras recibir una multa por llevar a Maxine en el subte sin transportadora. El resultado: una mochila especial que permitía a Maxine acompañarlo a diario.
Las imágenes y videos de la mascota viajando cómodamente en la mochila generaron un fenómeno viral, que derivó en la creación de la comunidad digital @madmax_fluffyroad, con 7 millones de seguidores en distintas plataformas. Con la demanda creciente de soluciones para perros con movilidad reducida, Reisberg fundó la empresa Little Chonk, dedicada a fabricar mochilas para transportar perros de hasta 45 kilos.
La popularidad de Maxine y las mochilas inspiró a un colega, Chris Equale -creador de contenido estadounidense-, a sugerir que esos paseos sirvieran para dar visibilidad a perros en adopción. “Lo dijo con tanta naturalidad que pensé: ‘¿Sabés qué? Creo que es una idea fantástica’”, relató Reisberg, citado por Forbes.
Cómo los paseos aceleran el proceso de adopción
El primer paseo de adopción se realizó con Axl, un cachorro de 10 meses de Best Friends, en julio del año pasado. El recorrido incluyó subte, parque, una tienda de mascotas y una cafetería, registrando cada momento en video. “La respuesta superó todo lo que había visto en mis 10 años haciendo esto”, explicó el influencer. El vínculo visible entre el perro y su acompañante, sumado a la espontaneidad de las interacciones con desconocidos, generó una reacción inmediata: Axl consiguió familia en cuestión de horas.
La dinámica se repite cada semana. Los perros salen del entorno del refugio, muestran su carácter y confianza, y logran conectar con potenciales adoptantes que pueden verlos relajados y felices en situaciones cotidianas. “Era la prueba contundente de que algo funcionaba y de que teníamos que seguir adelante”, aseguró Reisberg.
El impacto alcanzó tal magnitud que los paseos de adopción que el joven realiza para Best Friends Animal Society recibieron el prestigioso premio internacional Webby Award 2026 y el People’s Voice Award en la categoría “Creadores: colaboración con causa”. El precedente lo había marcado la propia Maxine, ganadora de un Webby en 2022.
El efecto dominó y la transformación personal de Reisberg
La experiencia modificó no solo la vida de los perros, sino también la de su impulsor. En su quinto viaje, Reisberg conoció a Big Bertha, una perra cruza de pitbull con orejas cortadas que, a pesar de su aspecto intimidante, mostró una actitud afectuosa y divertida durante el paseo. “La gente nos paraba en Bushwick y ella simplemente tiraba la cabeza hacia atrás, besaba a todos y les demostraba su cariño”, recordó. Ante ese vínculo, decidió cancelar la seña para adquirir un cachorro de criador y priorizó la adopción como forma de sumar un nuevo integrante a la familia.
La directora ejecutiva y presidenta de Best Friends Animal Society, Julie Castle, reconoció la repercusión de la iniciativa. “Nos están inundando de mensajes de gente que quiere adoptar a los perros que Bryan saca a pasear”, afirmó a la revista. Además, la organización lanzó el programa “Compañeros de aventura” en Nueva York y Los Ángeles, que permite a las personas compartir un día con un perro del refugio, facilitando el contacto y la socialización.
El efecto multiplicador se reflejó también en la donación de mochilas: un neoyorquino se ofreció a donar una mochila por cada adopción, logrando patrocinar cien unidades para futuras familias adoptantes.
El testimonio de Castle resume la percepción de quienes acompañan el fenómeno: “Te devuelve la fe en la humanidad ver que alguien está dispuesto a hacer un esfuerzo adicional y dedicar parte de su día cargado de actividades a ayudar a un animal sin hogar”. La iniciativa de Bryan Reisberg trasciende las redes sociales y redefine el proceso de adopción en las grandes ciudades.

